Viejoven

La vida me escupe lejos del sueño
en mi piel las arrugas se abren como ríos
mis nietos, en el salón
inquietos en las sillas domingueras
juegan sobre los charcos
mi alma arrugada y el viento arrugado
envejecen junto con el pueblo
amparados en un tiempo
que los va devorando
poco a poco.

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Pasajero de la brevedad

El país, esta rama, aquel pájaro, se ven tristes.
la gaviota no desciende al mar porque los peces no nadan hoy
el sol no quiso salir y sigue siendo noche desde hace varias semanas
la primavera ahora es invierno verano y apocalipsis
el hombre sabe que es pasajero
pero miente para olvidar la brevedad
de este mundo y estas cosas que nunca dejan de morir
irremediablemente pesarosas y gloriosas e instantáneas pero no como una sopa
más bien como un parpadeo que se lo lleva todo
conforme pasan las horas y se lleva la vida y se alza y vuelve
y va y viene y se desnuda y se viste y se duerme y se despierta y nace y muere y
son
los menos aquellos momentos cuando por fin
nos
sentimos armoniosos con el entorno pero solo es por un instante
y en ese instante como que podemos
besar el mundo y contemplar
el país, esta rama, aquél pájaro
y su tristeza. Sintiendo
los

08:43 p. m. 15/04/2019

Ví a mi alrededor y todo se estaba muriendo
pensé en tí y en la dulce forma de tu lejanía
queriendo abrazar el cabrito perdido de tus ojos
estaba en algo, no recuerdo en que.
La palabra me dijo dónde estabas aquel día.
Y me dieron ganas de ir. ¿Pero si tú también decides ir?
¿Cómo nos encontraremos?
No soportaría olvidar las flores de tu pecho
ni esa transparencia con que me miras
como si miraras un rió pasar
como si sintieras algo desde un lugar remoto
o quizás, imperceptiblemente
demasiado cercano.

Noviembre de 2072

En esta noche de noviembre
los perros ladran como nunca
y la lluvia cae con dolor
sobre la ciudad triste y enferma.

Si hablo, mueren las palabras que pronuncio
si callo, pudiera ofender a los árboles
ya no se si cantar o quedarme callado por siempre,
mi alma no encuentra su lugar en el universo.

Hay de mí que escribo sin tener nada que decir
que me lleve el puto infierno y todas sus maldiciones
que corra yo por la galaxia como una estrella sin encontrar nunca mi destino
que me hunda o me eleve, que viva o me muera,
da igual, hoy me da igual. Si escribo, es por instinto, nunca por otra cosa.
Siempre lo irreal abortando el embrión de la vida
donde el alma se agazapa como un feto.
Siempre desnudo entre la insondable tempestad
Siempre haciendome preguntas sin razón

¿Será de mí esta voz que habla a lo lejos?
¿Sérá por mi boca que habla el silencio?
¿Sera el projimo aquel que siempre fui en secreto?
No sé. Y no quiero saber porque no importa. Pero pienso
y por más que quiero, no puedo dejar de pensar

Transfiguración

 Venimos a esta tierra milenaria, desnudos y llorando
con una deuda que nunca podemos terminar de pagar
los valientes, los tristes, los solitarios, los amantes,
todos estamos sentados en la antesala del sepulcro
dando la patita como perros para ganarnos el pan
y así descansar en nuestro rincón, abrigados en una colcha,
con la panza llena y por ende el corazón contento.

Perdemos nuestra forma en la dolorosa caída
caemos y caemos, sufrimos, ardemos
a lo largo de nuestra reducida existencia
ocultos detrás de un telón rojo, baudelarianos
con el alma reventada de tanto bailar
porque nunca supimos afrontar la quietud.

Somos errantes, vamos de costa a costa
tenemos los pies quemados y enrojecidos
caminamos sobre un mismo espejo
abrimos una puerta y cerramos otra
entramos y salimos, caemos y nos levantamos,
caemos en torrenciales lluvias, transmutar
o silencio de flor o canción de lluvia
o si no grandes girasoles floreciendo por todas partes.

Nacemos de la nada y de nadie, desnudos y sin patria,
más verdes que la hierba, nos espera el abismo
desde el primer instante en que respiramos
este aroma, esta sustancia tóxica
este frío, esta soledad,
a la orilla del sosiego y la pasión
detrás del tiempo, detrás de febrero,
palpitantes, libres, salvajes,
vivos.