Poesía – Al borde del borde

Blancas estrellas duermen sobre tu regazo de nubes
¿Que puedo decirte? Mirarte es como ir a la playa
siempre encuentro tu imagen, entre libros desconocidos
bajo la cama
en las pipas, en las manzanas,
y en los anteojos dormidos
que ya casi nunca te pones. Ya se fueron todos,
solo quedamos tu y yo solos
en el centro de la fiesta donde hay otro centro de otra fiesta
más propia, más íntima, más real,
y perdoname amor, p0rn0 haber escrito versos lo suficientemente bellos,
lo único que me quedan son estos ecos,
ecos de los ecos, tengo la ternura ahorcada con una cuerda de tenis
pero tengo imagenes que nunca has visto y colores que no se pueden pintar
golpeando las puertas de los sueños, sentados al borde del borde del borde
nos tocamos como un guitarrista toca un acorde, o quizás, como un acorde toca a un guitarrista,
el otro día escribí un verso que casi te hizo llorar
y me dieron ganas de no volver a escribir nunca más,
mis pantalones están colgados en el cuello de un cisne rosa,
tus pechos son un panal de luz
donde se alimenta mi mundo,
los poetas muertos, escribieron casi todo en esta vida,
pero nunca te encontraron a ti,
aunque quizás si, a tu hermana, la otra, la que existio en otros tiempos,
en cambio tu eres de un tiempo que todavía no ha llegado,
por eso cuando les hablo de ti casi nunca me entienden,
a la gente le gusta más la poesía de los muertos
eso es una realidad dificil de confrontar,
solo me queda esperar en silencio,
hoy no me conocen, pero cuando me vaya,
me extrañarán.

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Campanas y petalos marchitos

Alguien toca las campanas al amanecer,
van cayendo las horas como pétalos marchitos,
miro a través de la ventana;
cuánta soledad veo en la calle….
más tarde esta misma calle será transitada,
pienso en toda la gente que vendrá,
algunos con la prisa de llegar a sus trabajos
otros con la prisa de llevar a los niños a la escuela
y los más jóvenes con la prisa de vivir.
somos tantos que no podría faltar ninguno
todos nos parecemos más de lo que creemos,
por eso siempre comienzo hablando de mí
y termino hablando de nosotros,
siempre con una mano dibujando el destino,
siempre girando en torno a la nada como un molino.