Una puerta hacia el más allá

¿Por qué tememos la intangible muerte
y no amamos toda la vida que tenemos alrededor de nosotros?
¿Por qué vivimos inmersos en un gran sueño
y no somos capaces de contemplar el mundo real?
¿Por qué nos ocultamos detrás de la palabra
para encontrar un refugio que nos proteja de la realidad?
¿Por qué nos vamos lejos, muy lejos….
como un barco que se pierde en el horizonte del mar?
¿Por qué caminamos en círculos
pasando por los mismos lugares que nuestros ancestros?
¿Por qué este ciclo interminable, por qué tantos mundos
por qué tantas galaxias, por qué tantas edades?
Hemos repetido constantemente las mismas preguntas
y nadie ha encontrado ninguna respuesta
Hemos hecho de nuestro mundo una maquinaria de engranajes
y vamos por la vida como automóviles de fórmula 1
ansiosos y precipitados, azules y nostálgicos, furiosos y aprisionados
nadie tiene tiempo de crecer como la hierba en el campo.

Escucho que alguien toca la puerta, pero si abro la puerta….
¿No seré acaso yo el hombre detrás de la puerta? No quiero ser
no quiero narrar batallas, ni hablar del hambre y la miseria
carezco de sitios donde la sangre rocía las plantas de la primavera
lloro como una madre que ha perdido a un hijo
lloro como la tierra que no ha sentido germinar el fruto perfecto
lloro como tu, lloro como yo, lloro como todos,
esta fragancia inmensa de mis palabras es el perfume del universo
ya es demasiado tarde para cantarle a la luna
tan solo espero que mañana los cuervos vuelen libres.

Ahora estoy aquí. En este lugar frío. Varado en donde mismo que al principio,
tratando de amar hasta la muerte
bajo las sombras de esta máquina inmensa
en este mundo de poetas que lloran porque el cielo es azul,
El yo de antes. Cantó hasta abrir el cielo. Y yo en cambio me inclino a besar la tierra,
prosa, verso, música, para mi todo es lo mismo
yo escribo en el aire y canto fragancias, yo respiro el sonido y dibujo el tacto
pero solo algunas veces descubro tu nombre entre la arena,
y me dan unas ganas de llorar
y me desnudo entre la insondable tormenta
y siento que voy creciendo en el aire como una hierba
Esto…. No se puede expresar en ningún lenguaje
es algo que ya está muerto pero nunca se ha ido
son los últimos ecos del hombre que me habitaba ayer
no sé si voy a poder tocar el sol
tal vez la tormenta dure para siempre
Alguien toca la puerta….
Debo irme, ha llegado el hombre del mañana.

Transfiguración

 Venimos a esta tierra milenaria, desnudos y llorando
con una deuda que nunca podemos terminar de pagar
los valientes, los tristes, los solitarios, los amantes,
todos estamos sentados en la antesala del sepulcro
dando la patita como perros para ganarnos el pan
y así descansar en nuestro rincón, abrigados en una colcha,
con la panza llena y por ende el corazón contento.

Perdemos nuestra forma en la dolorosa caída
caemos y caemos, sufrimos, ardemos
a lo largo de nuestra reducida existencia
ocultos detrás de un telón rojo, baudelarianos
con el alma reventada de tanto bailar
porque nunca supimos afrontar la quietud.

Somos errantes, vamos de costa a costa
tenemos los pies quemados y enrojecidos
caminamos sobre un mismo espejo
abrimos una puerta y cerramos otra
entramos y salimos, caemos y nos levantamos,
caemos en torrenciales lluvias, transmutar
o silencio de flor o canción de lluvia
o si no grandes girasoles floreciendo por todas partes.

Nacemos de la nada y de nadie, desnudos y sin patria,
más verdes que la hierba, nos espera el abismo
desde el primer instante en que respiramos
este aroma, esta sustancia tóxica
este frío, esta soledad,
a la orilla del sosiego y la pasión
detrás del tiempo, detrás de febrero,
palpitantes, libres, salvajes,
vivos.

 

Desnudos como el fuego

Conduzco sobre tu mano avenida 
de vuelta al rumbo que me lleva a mi mismo
obstinada y perdidamente
abro duraznos gigantes con la manos para nacer
urdiendo cada mano, envilecido
por esta lengua de mariposas que nunca fue entendida.
Es inútil. El futuro duele tanto.
Y si me doy la vuelta, el mundo se va cayendo a pedazos
la sucesión de lo intangible escapa de la crónica
obtusa, todo se disuelve, todo es líquido
los pájaros beben de los espejos porque ya no hay más.
Me siento tan solo
perdido en este lugar que solo yo conozco
lejos del sueño, sal
donde mi alma se disuelve como caracol, tiempo
encadenado a la eternidad y al abismo
en un viaje sin retorno hacia la orilla del mito.
Veo gente quemándose en la ardiente mañana
veo flores marchitas de tanta eternidad
y arbustos abstractos y esferas cúbicas
que desafían la monotonía de la lluvia.
Habitación de espejos que se interrogan
mutuamente. Mirándose entre ellos
absurdos como las horas,
desnudos como el fuego.

 

 

La desesperación del hombre

Desesperados
nacen
se multiplican, se propagan, se transforman
y un instante después
se han muerto
y ascienden y dejan
viciosas
inmateriales
intangibles
infinitas
semillas en la soledad
en el vientre de la página
silbando, aleteando, cielos tristes
y yo sin harpas de ángeles, solamente
chillidos de cuervos. y a veces
aunque sea una copa de universo
para beberse de un solo trago
o tal vez la extraña condición de escupir mariposas negras
pidiéndole perdón a la madre tierra
por invadirla como un parásito equistosomatico
por haber traído a este mundo
¡pura sarna y sufrimiento!
¿no lo crees? ¿o no lo aceptas?
¿Quién tiene la culpa de que ya casi no haya corales en el mar?
es el año 2019. La humanidad se ha convertido en una puta maquina
Solo quiero dejar testimonio de que aún estamos vivos
Al cantar
————al soñar
———————al navegar
————————————-en la tempestad
con el alma llena de telarañas y mugre
en busca de un poema que no termine nunca
un poema de lágrimas discretas
un poema que deje su aroma en el tiempo
un poema para vivir
juego prodigioso a unos pasos de la sublime iluminación
colgado como chango de la corbata de Dios
los brazos de pronto toman vida, y me hablan, me dicen mil cosas
me asfixian entre paisajes, estructuras mentales, tijeras
corazón galvanizado por tanto sentir
ciclo infinito de la histeria que se cultiva al pensar
reír, llorar, dormir, vivir, comer, cagar
y levantarse para caer
y caer para levantarse
hasta pegar un brinco tan alto que superemos todas las estrellas que se alcancen a mirar
y así, tan solo por un momento
latir.