IV (Elefantes mágicos)

Le doy voz a mis heridas
que solo han de sembrar
olivos con sabor a paraíso renunciado.

Sueño ser un árbol
que sueña ser un hombre.

Esparzo en el aire polvaredas
que cambian de forma
y quietan a las adelfas enloquecidas
de mi conciencia dispersa.

Tallo el silencio como si fuera barro
hasta que sea imperfectamente perfecto
como una nube con forma de tus cejas
sirviendo de almohada para el sol.

Hábito el río de mis palabras
nado contra las corrientes,
me alejo de mí para encontrarme más.

Tantos hombres preocupados
porque todo lo que escribieron ya se escribió
y yo tan preocupado
porque lo que escribo nunca se escribió.

Vivo y ni mi rostro me acompaña
y ni mi sendero quiere mis pasos
nadie en este mundo me entiende
me siento un extraterrestre con maceta de sapo.

ojalá tuviera un sombrero para ocultar mi locura,
pero no venden sombreros así que yo sepa.

3 comentarios sobre “IV (Elefantes mágicos)

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