Edad sagrada

I

La ardiente mañana entraba por los ventanales
Un reguilete de colores giraba en mis manos de papel
Se abrió la puerta en un instante que pareció infinito
Era él. Mi padre. Venia asoleado. Te llevaba
entre sus brazos con la ternura de un gigante bueno.
Tenías miedo del ruido que hacían los automóviles
pero pronto te sentiste en casa
como si hubieras vivido siempre con nosotros.
Aquella mañana mi padre te amarro con una soga
al árbol de limones
y yo y mi hermana te desamarramos
para que salieras a la calle.
Luego un carro te atropello la patita por accidente
y mi padre le pego a mi hermana
con un viejo cinto de cuero.

II

Mi abuela cocinaba frijoles
en una gran cazuela plateada.
Nosotros jugábamos arriba,
abajo solo estaban los adultos.
En la ventana veíamos pasar el ritmo de los días
mientras soñábamos dentro del sueño
que llamamos vida.
Las paredes estaban plagadas de santos
cruces y clavos
sin cuadro que les colgará.
Brincábamos en las camas
jugábamos y reíamos
al compás de la eternidad,
Recuerdo que yo siempre lloraba
cuando tenía que irme,
y un pez marlín
nadaba entre mis lágrimas.

III

Parado justo debajo del hombre en llamas
sentí el infierno líquido, giratorio
todo fuego todo furor
acumulado en las vísceras del pueblo
que gritaban ¡Sálvanos!
sin saber a quién.

IV

En la carretera
se veían los sembra-dios de plátano
bañándose en la miel del sol
y yo
parecía una guacamaya
gritando ¿Qué hora es? ¿Ya casi llegamos? ¿Dónde vamos?
y mi padre
se quedaba callado
con sus dos manos al volante y la mirada en el horizonte
mientras esperaba una nave de olvido.

V

El patio era un estadio más glamuroso que el Madison Square Garden
mas legendario que el Santiago Bernabéu
y más implacable que cualquier coliseo romano.
ahí jugábamos futbol y a veces otros juegos inventados
nosotros éramos los jugadores, los técnicos
los aficionados, los hinchas, los comentaristas
y anotábamos goles irrepetibles
en porterías de árboles, piedras y sillas
que se desdoblaban al amanecer.

Si nos hubiera visto Píndaro, hubiera sonreído.

VI

Ella está en su cuarto
escuchando música en su discman
en sus ojos nace la magia, en sus manos ciudades de papel,
habla con los objetos, les da un nuevo nombre
a todas las cosas de este mundo.
A veces papá dice que se ve un poco gorda
yo quisiera que ella sepa que siempre ha sido hermosa
Y que ninguna lágrima caiga de sus ojos:
que quisieran ser verdes pero son cafés.

VII

Cuando era niño a veces los demás niños me pegaban
se burlaban de mi, porque era gordo, porque era disperso, porque a veces cantaba en clase
nunca faltaba la razón
a veces los profesores también formaban parte de la burla
hubo un día en que en la cancha de futbol
entre tres niños me tumbaron y me patearon en el suelo
uno de esos niños solía ser mi amigo
Yo me enoje tanto que convencí a otros tres días
de que lo golpeáramos y tiráramos sus cosas a la avenida
para que los carros se los estropearan
fue una muestra del maquiavelismo que residía en mi
y así fue, a la salida lo tumbamos, lo pateamos
y aventamos sus cosas.
El niño lloro y perdió perdón
yo me sentí culpable
porque permití que los demás me cambiarán
ese día me prometí que nunca iba a permitir que la sociedad me cambiará,
pero esta de más decir que falle a mi propia promesa.
A la mañana siguiente fui a la casa de mi amigo
y le pedí perdón.
Después de eso, fuimos amigos.

VIII

El niño ya no tiene imaginación
lleva toda la tarde jugando en su computadora
pulsando una y otra vez los mismos signos
con sus manos de robot.
El niño ya no tiene imaginación
vive una vida pequeñita
adentro de la vida inmensa.
El niño ya no tiene imaginación
el niño esta sólo, el niño esta triste
perdido en la memoria de su ordenador.

IX

Vi granizo por primera vez
una semana antes de que se deshielara el volcán.
Se mato un muchacho en una moto verde
y las personas como buitres
se iban aglomerando alrededor de su cadaver.
Morbosamente, entreabriendo la boca
y con sus falsas caras de lastima
hablaban sobre la desgracia del muerto
y gesticulaban sus prejuicios.
-Estaba borracho el cabrón
Escuché decir a una señora.

X

Las primeras veces me entristecí
Cuando mí abuelita Lupe ya no se acordaba de mí.
Sus ojos eran junglas de cristal
Donde los quetzales cantaban todo el día.
Ella amaba los animales igual que yo
Ella era una niña solita en medio de la inmensidad, oscura y brillante.
Tenía miedo de que se la llevarán los cristeros
a veces me hablaba de su hermano piano
Que se había muerto cantando.
Mí abuelita nos olvido a casi todos
Cada día éramos más extraños para ella,
Pero a mí padre nunca lo olvido.
Incluso en sus horas más delirantes
Siempre llamaba a su hijo
Poniéndole nuevos nombres.

XI

Recuerdo que aquella tarde llovieron guamuchiles
tu y yo íbamos sentados atrás en la camioneta negra
tu mirabas las calles con la lengua de fuera
y yo te miraba a ti, tenía miedo de que brincaras
pero tu no brincabas,
solo cuando veías alguien a quien amabas, brincabas.
Un día brincaste sobre Emmanuel
y nosotros te vimos muy felices desde la camioneta
porque brincaste, y porque Emmanuel estaba ahí.
Otro día brincaste al río marabasco cuando nos bañabamos
me rasguñaste y también a mi hermano
uno de los momentos más felices de mi vida
fue verte nadando hacia mi.
Siempre que llegaba de la escuela tu eras la primera en venir
cuando llegaba mi papá también
no importaba que tan molestos fueran los días, con los niños que me molestaban
tu siempre encontrabas la manera de hacerme sentir mejor.
Te acariciaba durante horas, acostado viendo la televisión
y justo cuando dejaba de acariciarte
tu me volteabas a ver, con los ojos llenos de amor.
Siempre te dejábamos salir, tu te asomabas por la ventana
como si fueras una persona, pero no, tu eras mejor que cualquier persona
todos te amábamos y te gustaba saberlo
mi mama primero no te quiso, pero hasta ella
termino amándote.
Una noche no regresabas, yo me había quedado dormido,
llegaste por la madrugada, te habían envenenado,
mi papa intentaba darte la medicina, abriéndote la boca, pero tu no te dejabas,
te retorciste en el suelo por la maldad de alguien
y tu nunca le hiciste nada malo a nadie.
A mi no me quisieron despertar, para que no te viera así,
a la mañana siguiente me dijeron que habías muerto
mi papa te iba a enterrar cerca del río
pero yo no te quise ver así. El último recuerdo que tengo de ti,
es una tarde que fui y te acaricie,
tu estabas al otro lado del cancel….

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