Atardecer sin sombra

Esta tarde se murió mi sombra y no lloré
ni puse un pie al otro lado
ni navegue en las recurrentes distancias de la soledad
me quedé a esperar el día en silencio
como queriendo no existir por un instante.
Transcender más allá de mi mismo
mientras el cuerpo se desvanece
como en el cielo las nubes
cuando rompen a llorar
sobre la tierra.
¿Qué me deparará el tren cuando se vaya
y se haya retraído todo signo e idea expresable
y las divergencia posibles entre lo que se vive y lo que se sueña?
¡Mira el fruto infinito! ¡Se está pudriendo en la rama más alta!
nadie podrá beber de su néctar
y todo será abstracto al intentar nombrarlo.

Ventana abierta

La ventana se abrió de golpe

derrotada por la tempestad.

Los perros callejeros aullaron

temerosos, buscando refugiarse

debajo de algún automóvil.

Yo me paré a cerrar la ventana

pero después me arrepentí,

y decidí dejarla abierta para siempre.

Aunque las gotas que se filtraban

casi no me dejaban dormir,

bramando por todas partes

sus lamentos de agua.