El Fruto

No váyase a secar en tu manos
ese fruto que dado te fue
comelo ahora o entierralo en el aire
para que nazca otra vez
surtiendo el pretérito silencio del perro triste que vive en la azotea.
Llévote conmigo, undiendonox juntos
en el oxico mismo de la et3rnidá.

¿Hasta donde? Me preguntas
temo tu temor flanco débil e inmortal
sequía incansable del corazón
pidiendo adioses viriles y amazóníricos
que permitan dormir y labriegar
mientras la onda ballena
hablando en nuevos idiomadres
cosmosidades lenguagicas
provenientes de las sexys nubes
pide perdón por vibrar tan azul.

Pero dime, dime, dime, dime
ya dime, neta por favor dime
¿No bajaron en el ocaso a caso arribandose?
¿y entonces? ¿porque están tan lluvia hoy?
mejor estense más mañana
y menos caparazón.

Anuncios

Todos somos niños

Las olas son niños jugando a ser mar
El sol es un niño que sabe brillar
Los hombres son niños que olvidaron jugar.

La poesía es una niña huérfana.

Todos somos niños en el fondo de nuestro dolor
todos somos niños necesitados de amor
todos somos niños jugando entre la vida y la muerte
pero algunos desdichados
maduran y pierden su niño para siempre.

No hay nada que hacer por ellos
y su trístisimo naufragio.

Plásticamente

Plásticamente la gente creyó en cosas de otros mundos
intangibles insípidas inamables
más yo creo en árboles nubes y animales,
en la mosca que me atosiga mientras bebo el café
en la hierba que nace en mis manos y muere en mi pecho
en el dorado adorado perro que siempre acompaña.
Creo en estas calles y en esta gente que pasa
tan sutil por el tiempo, que no deja cicatrices en las horas.
Creo que la vida es sólo un instante y se consume constantemente
mientras nos hundimos en los pantanos
de procrastinación. creo que no nos queda mucho tiempo
creo que no nos quedan muchas cosas por decir,
Por eso quiero hablarte solamente
de las cosas más bellas que vi.

Oveja Fucsia

Lloras pero las plantas no crecen en el jardín
lloras pero el amanecer no dice tu nombre.
Y yo quisiera rescatar al menos tu olvidada sutileza
tu manjar de mediodía asomándose sin pausas al puerto
sintiendo un dolor de niña marítima, con una espera irrenunciable,
que te obliga a contar todos los días
veinte ovejas antes de dormir o cincuenta en las noches cuando tienes insomnio
pero dime una cosa, de vital pequeñez
¿Si no hubieses perdido la pelota en la playa aquella tarde de mayo
hubieras matado al profesor con ese cuchillo de obsidiana
o hubieras marcado al 01314278349 solo para que te conteste
una anciana que recita las mismas palabras en una forma cíclica
‘’Pepperoni’’ ‘’Soledad’’ ‘’Blancura’’ ‘’Perdóname’’
durante exactamente 23 patrones completos de ritmo con olor a tábacafé
y después termina con un solemne
‘’Te extrañaré ayer
y le haré cosquillas al mundo con una libélula
para hacerlo reír como reías tu
cuando no pensabas tanto en la desnudez de los astros’’
mientras tu sonríes con una cara de hotkey
porque al fin encontraste una oveja de color fucsia.

Viernes sin salsa pero no es viernes

hoy es un viernes sin salsa
de un agosto
que todavía no ha llegado y el enjambre de violines
sangra en la bocina más que una herida de balazo, y el caso
es que mientras estos pobres viejos lloran en el velorio
un bebé llora por primera vez en algún hospital del mundo
Es el parto y su resplandor, es la muerte y su obscuridad total
¿Cómo haremos para romper el ciclo?
¿Y si lo rompemos qué cosa pondremos en su lugar?
miserablemente caminamos ciegos, a tientas
revolcandonos juntos entre la mierda y el plástico
llueve torrencialmente, pero lo que más llueve
son las ojos de aquella niña. ¡Cómo llueven!
entre sus manos, caramelos vivientes
están enloquecidos de tanto miedo
y lloran como la gente cuando son triturados por los dientes.

Telarañas

primero telarañas me enredan la conciencia
después camino pacíficamente
con las alas arrancadas, dando miel en el oásis
estampado
por la opaca luz
de las discusiones políticas
buscando al menos, un vientre para convertirlo en hogar
una mirada para nombrarla principio de todo
notas que vayan más allá de mi, alaridos que disfracen el silencio
para saciar la necesidad de ofrecerle una arañita
a esta pobre gente que ya no puede sentir p o e s í a.

Bolsilas llenas de piedras

Este poema lo encontré
en la ventana
sinceramente buscaba el unicornio azul
no me conformo con un puñado de espejismos sonámbulos
siento los bolsillos pesados, llenos de piedras,
arrastrándome hacia abajo , hasta los suburbios insospechables
del pequeño pueblo, con hermosas iglesias
y una ruiseñor que todos los días se pregunta
porque decidiste no volver al parque
¿Porque decidiste no volver al parque?