Noviembre de 2072

En esta noche de noviembre
los perros ladran como nunca
y la lluvia cae con dolor
sobre la ciudad triste y enferma.

Si hablo, mueren las palabras que pronuncio
si callo, pudiera ofender a los árboles
ya no se si cantar o quedarme callado por siempre,
mi alma no encuentra su lugar en el universo.

Hay de mí que escribo sin tener nada que decir
que me lleve el puto infierno y todas sus maldiciones
que corra yo por la galaxia como una estrella sin encontrar nunca mi destino
que me hunda o me eleve, que viva o me muera,
da igual, hoy me da igual. Si escribo, es por instinto, nunca por otra cosa.
Siempre lo irreal abortando el embrión de la vida
donde el alma se agazapa como un feto.
Siempre desnudo entre la insondable tempestad
Siempre haciendome preguntas sin razón

¿Será de mí esta voz que habla a lo lejos?
¿Sérá por mi boca que habla el silencio?
¿Sera el projimo aquel que siempre fui en secreto?
No sé. Y no quiero saber porque no importa. Pero pienso
y por más que quiero, no puedo dejar de pensar

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