La piedra aprendió a amar

 
La piedra aprendio a amar
el siencio se hizo canción
los días se sentaron a morir
arranca la epoca de tu piel
escucha la oratoria de la pared
las noches ya no quieren amanecer
bebe la esencia infinita del cosmos
baña tus ojos en el mar de la poesía
el quetzal cantara a media noche
crea un nuevo color
canta una nueva época
desviste a las tímidas horas
Una ola llora en la orilla del mar
hagamos el amor con la eternidad.
Seamos ARTE
abrazARTE
tocARTE
besARTE
soñARTE
AMARTE

Anuncios

Un nuevo color

Quisiera crear un nuevo color
y dejarlo en la ventana
de tus pupilas.

Robar las constelaciones
y entregártelas como
un ramo de flores.

Entonar una nota desconocida
con mi alma de citara.

Descubrir la desnudez del universo
en el corazón de tu durazno.

En esta noche, en este instante, en este verso
frente a las estrellas que miran,
quiero hacer una promesa.

Una promesa irrompible como la fé
una promesa clara como el manantial
una promesa infinita como tus besos.

Siempre te amaré.

Laberintos del alma.

 

¿A dónde vas para escaparte de ti misma?

Cuando lavas tu mirada en la luz de la luna

Cuando miras sin mirar y estas vacía

Cuando amas sin amar y sientes

De un modo casi eterno

la muerte.

 

Estas perdida en los laberintos del alma.

Errante.

Vas de molecula en molecula y de criatura

en criatura. Perdida en los misterios del amor

y en la soledad que siempre te acompaña.

 

Vuelas a través de mis suspiros

y anidas en las notas de mi piano,

Abres las puertas del espíritu

Y dejas caer los días al piso.

 

Oh amada mía.

Sin importar donde te pierdas

Sin importa en cual estrella te ocultes

Sin importar que tan lejos estés de mi vida

Siempre habitarás en los eternos latidos del universo.

Y yo estaré a tu lado, siempre a tu lado, a pesar del dolor y la lejanía

Un día más

Estoy aquí en la orilla de mi alma y lejos de la realidad,
me disipo como la neblina, voy cayendo
hacia mi tumba y no puedo evitarlo.
Volveré a ser polvo, se me caerán
los ojos como caen las hojas y las horas.
se me pudrirá la carne, y los coyotes
desenterrarán mis huesos, y de mi pecho
nacerá una flor parlante.

Volveré a ser una paloma en el cielo
que muere y renace en los parpadeos,
reinaré esta era con mi poesía
y nada podrá arrancarla del siglo.

Nada en el universo
ni los hipotéticos dioses
ni la euforia de los impacientes
mi poesía seguirá su compás definido
haciendo florecer versos en las mentes de los hombres.